Rubén Flores

Rubén Flores
  • Puesto en MSF: Logista
  • Origen: Estado de México
  • Misión destacada: Chad
  • Otras misiones: República Centroafricana

Chad: Una cucharada de prevención vale más que dos de remedio

Rubén Flores, originario del Estado de México, licenciado en Administración de Sistemas de Salud en Emergencias, paramédico egresado de la Cruz Roja Mexicana, es el Coordinador de Logística-Adjunto de Médicos Sin Fronteras en la República de Chad.

No diría que vacunar a 100,000 personas  en diez días contra la meningitis en Chad es difícil.  Difícil, no.  Re-difícil.

Recién llegado de México a Chad, durante los siguientes doce meses trabajaría como coordinador de la logística del programa de respuesta a urgencias de Médicos Sin Fronteras. Ese fue el primer desafío planteado por el Jefe de Misión: en diez días, vacunar el 100% de la población entre los 12 meses y los 30 años del distrito de Mandelia, justo al sur de la capital del país centroafricano, uno de los más pobres del mundo con una historia llena de guerras, golpes de estado, y crisis humanitarias, un pueblo orgulloso y  fuerte que no se da nunca por vencido.

La meningitis es una infección que afecta las membranas que recubren el cerebro; sin tratamiento, puede ser fatal hasta en el 50% de los casos.

En cuestión de semanas tendríamos que contratar a más de 300 profesionales -médicos, enfermeros, socorristas, chóferes, mecánicos, electricistas, y logistas- y entrenarlos a trabajar como un equipo.  En cuestión de dos días, el equipo MSF, compuesto de profesionales de Alemania, Bélgica, Congo, Canadá, los Estados Unidos, Holanda y, claro, de México, arrancaba motores. Los médicos comenzaban a contratar y entrenar al personal del lugar que haría la gran parte del trabajo, mientras que el equipo de logistas se ocupaba de. . . todo lo demás.

Y arrancaban los problemas.  El hospital regional de Mandelia, en el que estaríamos basados, tenía una instalación eléctrica que amenazaba quemar los refrigeradores y congeladores al minuto que los enchufáramos.  Para retener su efectividad, las vacunas tienen que mantenerse entre 2 y 8 grados desde el punto de manufactura hasta el minuto justo antes de ser inyectadas. Y eso, en un país desértico donde amanecer a 34 grados en la sombra no es raro, significa un reto enorme que requiere cantidades de hielo  y refrigeración continua. Sin refrigeración, sin electricidad, correríamos el riesgo de inyectar vacuna dañada por la temperatura: la meningitis regresaría a Mandelia, y todo habría sido en vano.

Mientras que parte de mi equipo diseñaba un nuevo sistema eléctrico, el otro calculaba cuánto hielo podríamos congelar en 24 horas, cuántas jeringas y cuánto material médico se necesitaría cada día, cuántas plumas, lápices, hojas de papel deberíamos comprar. A la vez se construían pozos para deshacerse de todas las agujas de forma higiénica, se instalaba sistemas de radio y telecomunicación, se alquilaba vehículos y se preparaban mapas de la región. La idea original era que cada día los equipos saldrían del hospital hacia las diferentes aldeas, algunas con tan solo 100 habitantes, con cajas isotérmicas capaces de mantener la temperatura ideal a base de acumuladores de hielo, tendrían que vacunar alrededor de 1,000 personas cada día, y regresar a la noche para reabastecerse.  Pero lo que el mapa no mostraba era que el 25% de la zona estaba inundada y no sería accesible ni por nuestras camionetas 4×4.

Inmediatamente nos dirigimos a esa zona en canoa  para ver que tan difícil sería acceder a esos lugares.  ¿Difícil? Casi imposible.  Los equipos que vacunarían esa zona no tendrían oportunidad de regresar al hospital para reabastecerse, tendrían que dormir en las aldeas, y de alguna forma tendríamos nosotros que asegurar que, por lancha, les llegaran vacunas, hielo, y claro, comida.

El doceavo día desmontamos todo lo que tardó semanas instalar para prepararnos para la siguiente urgencia.   Al siguiente día regresamos a la capital para celebrar Navidad.  Y dormir. Y disfrutar de la compañía de colegas con los que se comparte el sentimiento único e irremplazable  de haber hecho hasta lo imposible para cumplir el objetivo.

 

MSF en Chad
Chad tiene la sombría distinción de poseer la mayor tasa de mortalidad infantil en niños menores de cinco años del mundo. Por lo cual, MSF en el país decidió centrarse en la atención médica materno-infantil, los servicios de pediatría y la respuesta a emergencias. MSF trabaja en el país desde 1981 y actualmente hay  977 profesionales de la organización en el país.

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